martes, 27 de abril de 2010

Más que una secta

Mañana el Barcelona juega la semifinal de la Copa de Europa contra el Inter de Milán. Si pasa a la final decenas de miles de personas lo celebrarán en toda España. No me cabe la menor duda de que así será si ganan por la diferencia suficiente. Es algo que me entristece y que en cierta medida no deja de sorprenderme. Que un nacionalista catalán, que ha mamado odio hacia España desde la infancia, al que los medios de comunicación catalanes no le presentan sino una Cataluña saqueada por el resto de españoles, al que, si ha estudiado el bachillerato de los últimos treinta años, no haya visto otra cosa que una historia tergiversada, es decir, uno de los muchos catalanes que ha producido el catalanismo salga a la calle a celebrar los triunfos del Barcelona es algo normal. Que eso ocurra con un fanatismo casi parejo en el resto de España, en zonas no nacionalistas, es algo que debería sorprender y preocupar. 

Por ejemplo a los aficionados barcelonistas españoles les molestó la pitada al himno en la final de Copa (también hubo una en la final de Copa de baloncesto). El barcelonista español suele esgrimir en su defensa que el club no realizó la pitada, que fue obra tan solo de una parte de los aficionados, los más radicales. Deberían recordar que ni la directiva, ni los jugadores, ni el entrenador protestaron en su momento, esos jugadores a los que tanto adoran. Es más, alguno de ellos casi sube a recibir el título con una bandera independentista. El Barcelona ha prohibido en dos ocasiones que sus jugadores prealevines estén presentes cuando suena el himno español (1). Eso en un club que publicita a Unicef no deja de tener gracia. Se ve que consideran una defensa de la infancia el impedir la audición del himno del país en el que juegan la liga. En estos casos los barcelonistas acusan al radical Laporta, que será malo pero no insincero, y suelen concluir que el Barcelona está por encima de las personas que provisionalmente lo dirigen. El presidente puede ser nacionalista pero el club no, el club es otra cosa. Si el presidente del Barcelona le diera por contratar entrenadores pederastas para sus equipos alevines, eso no convertiría automáticamente al Barcelona en un club de pederastas. Eso ocurriría si los aficionados y los socios no echasen a ese presidente. A Laporta le llovieron críticas hace unos años no por su nacionalismo sino porque el Barcelona estaba en horas bajas en lo deportivo. Ese comportamiento no se limitó a Cataluña. Los aficionados en toda España olvidan muy rápido el comportamiento de Laporta en cuanto el equipo gana los suficientes partidos. Poco le podrán exigir luego a su "presidente". 

En efecto, también creo que el Barcelona está por encima de sus dirigentes. Sea quien sea el que lo conduzca tiene que ser "más que un club". Lo pone bien clarito en el espadio y hasta en los autobuses de los jugadores. Esta frase no siginifica sólo que el Barcelona es el club deportivo más importante de Cataluña o que es una institución muy importante allí. Significa que su sentido va más allá de lo deportivo. Es la representación del nacionalismo catalán en el deporte. Es una institución nacionalista y por tanto anti-española. Por eso Laporta por su carácter nacionalista y si los estatutos se lo permitiesen podría haber seguido un siglo en el club. ¿Qué habría ocurrido si hubiese colocado una banderita española en la camiseta como hacen otros (perdón) equipos españoles? Que la campaña en su contra en esta Cataluña nacionalista habría sido brutal. No ha hecho falta esperar a Laporta para ver ataques contra España por parte de la afición del Barcelona. Durante los mandatos de Núñez se vieron varias veces pancartas de "Catalonia is not Spain" en los derbis contra el Madrid. Durante los años de Nuñez y Gaspart ya se veían multitud de banderas independentistas, que no catalanas, en cada partido. 

Cuando se coge cariño a unos colores es muy difícil abandonarlos. Es un acto irracional, un aficionado leal no sigue a su equipo únicamente para disfrutar del juego. Por muchos sufrimientos deportivos que acarre su club, se seguirá animando al equipo de los amores. El equipo es como un hijo. Un padre no va a ver jugar a su hijo con el equipo del colegio para disfrutar de la destreza de los jugadores. Anima o regaña a su hijo, si lo quiere claro, aunque pierda siempre y lo que no hará es dejar de ir a los partidos. Pero pensemos ahora que el crío llega a la adolescencia y por la razón que sea se convierte en un maltratador. En este caso, por bien que juegue al fútbol, los padres intentarían que su hijo cambiara de comportamiento y llegado el caso hasta pedirían una orden de alejamiento. Los barcelonistas no nacionalistas son como padres que están tan contentos con el juego de su hijo que le perdonan humillaciones y maltratos. Al Barcelona, es decir, a los jugadores que han declarado que Cataluña no es España (2), a los directivos, al entrenador les han salido gratis su comportamiento durante estos últimos años. Da igual lo que hagan, reciben el mismo ánimo, las mismas audiencias. Ni siquiera con Laporta los barcelonistas han puesto en suspenso su afición (casi militancia en algunos casos). Por mucho que los medios de información silencien las declaraciones u otros actos quedan actos como la pitada al himno que indican claramente lo que es el Barcelona. Por lo menos podrían haber dejado de animar al equipo en estos años de Laportismo, tanto cuando el equipo jugó mal como bien. Ni eso. Quizás es que tienen algo de masoquista, como dicen de los aficionados del Atlético, pero en lugar de serlo en lo deportivo lo son en lo social o político. O quizás, explicación verdadera en mi opinión, es que la nación les importa muy poco, o menos que su equipo de fútbol. Nación de acomplejados, cobardes y pasotas. Así nos va.

(1)http://archivo.marca.com/edicion/marca/futbol/1a_division/barcelona/es/desarrollo/1103875.html

(2)http://www.libertaddigital.com/deportes/abidal-el-corazon-de-un-catalan-es-catalan-no-es-espanol-1276383898/

http://www.marca.com/2009/02/27/futbol/equipos/barcelona/1235740974.html

martes, 20 de abril de 2010

Prohibir el hijab no solo en los colegios

La semana pasada surgió de nuevo la polémica por la prohibición del velo islámico dentro de un colegio (o un instituto, qué más da, apenas se distinguen y pronto la universidad será convertida en una prolongación del colegio pero en otro edificio). En España la solución suele consistir en dejar que cada centro decida unas normas de vestimenta. Si no se permiten gorras, capuchas  y capuchas en clase no se debería permitir que las musulmanas tuvieran  el privilegio de vestir como les venga en gana, pues los que defienden el uso del hijab siempre insisten que las musulmanas lo portan voluntariamente. El hecho de que, como dicen sus defensores, son musulmanas de forma libre y de forma voluntaria llevan velo  no implica que tengan prerrogativas negadas al resto de los mortales. Si por el contrario no es voluntario, entonces tenemos un argumento final para su prohibición.

Ahora bien, los defensores del hijab, entre los que se encuentra el ministro de Educación y por su silencio la muy feminista ministra de Igualdad (igualdad para unos más que para otros), aducen que el velo es un símbolo religioso que debe ser respetado, en virtud del derecho a profesar una religión. Añadía Gabilondo que prima el derecho a la educación. La voluntariedad del individuo en su forma de vestir, el hecho de que sea un símbolo religioso y el derecho a la educación son excusas de aquellos que no se quieren enfrentar al grave problema que en general supone el Islam en Occidente. 

Si cualquier prenda es apta para presentarse en una clase y la justificación es que forma parte de una serie de preceptos religiosos, entonces abrimos la puerta a que las clases se conviertan en Halloween o en un carnaval. En efecto, si existe libertad religiosa, qué nos impide fundar nuestra propia iglesia, tras haber recibido el adecuado mensaje divino en pleno trance, en la que la ropa más estrafalaria (por ejemplo llevar una escafandra de buzo) sea la principal puerta hacia el paraíso. Acaso no dicen los progresistas, y desgraciadamente los religiosos católicos, que todas las creencias son respetables. Por supuesto que no todas las confesiones son iguales, ni son igualmente respetables. No creo que sean respetables los sacrificios aztecas para apaciguar a sus dioses o el canibalismo de los antiguos isleños del Pacífico. El poder del Islam, por su número de creyentes y virulencia, y el deseo de la izquierda de atacar a nuestra civilización aliándose con quien sea, decantan la balanza a su favor. Además, desgraciadamente la Iglesia Católica piensa que defendiendo al Islam en este punto puede conseguir que se respeten sus símbolos. Que las musulmanas sigan estrictamente sus normas si con ello la grey católica no se dispersa. Lo que debería hacer la Iglesia es destacar las raíces cristianas de nuestra civilización y defenderla en consecuencia, mostrando que es muy superior al Islam.
 
Respecto al derecho a la educación no se tiene que convertir en la obligación de enseñar o instruir a todos aquellos que no merecen ese derecho. Los adolescentes que pegan y martirizan a sus compañeros y a los profesores deben ser apartados durante el tiempo que sea necesario hasta que muestren una conducta civilizada. Lo mismo que se aplica en el comportamiento se debe aplicar a la vestimenta. ¿Permitiríamos al hijo de un nudista acudir a clase desnudo por voluntaria que fuera su elección? ¿Merecen más respeto los nudistas, cuya conducta no se encuadra en una religión pero que casi se puede denominar creencia, que los musulmanes?

El hecho es que el hijab es un símbolo de discriminación de la mujer musulmana. La marca como propiedad de un hombre, primero de su familia luego de su marido. Hijab significa algo que impide la visión, una cortina, una pantalla. La forma en la que el hijab se aplica a la vestimenta es muy variada en el Islam. Desde un velo hasta el extremo humillante del burka. Así que el hijab es la prohibición de la mujer de mostrarse a todos aquellos hombres que no son su marido o su familiar masculino más cercano. ¿Vamos también a permitir que la mujer musulmana valga la mitad que un hombre en la herencia y en la prestación de testimonio en un juicio tal como indica la fe islámica? Estos son preceptos que chocan con nuestra constitución, y también debería por ello chocar el velo islámico puesto que es una prenda que marca a las musulmanas como inferiores. Es una agresión a la igualdad entre hombre y mujeres. Hay quien lo compara con el hábito de las monjas, pero en este caso no hay discriminación con respecto a los hombres ya que éstos si pertenecen a la Iglesia también visten un hábito particular. Las musulmanas deben vestir de una forma determinada mientras que los musulmanes tienen total libertad. 

Se debería prohibir el hijab en cualquiera de sus formas de modo total, si no es así muy difícil será para las musulmanas adquirir los derechos que les corresponden en occidente. Sería una medida radical, pero valiente y justa con los valores occidentales.  Permitir el velo en cualquier circunstancia es una medida que afianzará todavía más a las musulmanas en esos islotes islámicos que empiezan a parecer los barrios donde existen mayoría de emigrantes musulmanes. Flaco favor a las musulmanas que desean cortar con la fe islámica. Si otras muchas desean seguir con el velo y la sumisión, allá ellas desde luego, pero si un grupo de personas deseara ser esclavo de otros por la razón que fuera (capicho, locura, o precepto religioso) no nos debería mover a legalizar la esclavitud, ni tampoco a consentir las humillantes prendas distintivas de los voluntarios esclavos.


domingo, 18 de abril de 2010

Con el frío que ha hecho y encima ahora el volcán

El volcán Eyjafjallajökull (como para preguntar por su ubicación si uno va de viaje a Islandia) sigue arrojando a la atmósfera ceniza y gases. Entre otros, CO2 y SO2. Por el primero, la Naturaleza debería ser multada y vilipendiada, ahora que al parecer según los medios españoles (El Mundo) y el gobierno de Evo Morales la madre Tierra resulta que tiene inteligencia y consciencia (y mala uva viendo el efecto de los terremotos). El segundo gas produce enfriamiento de la superficie terrestre (1), así se espera que este verano puedan descender las temperaturas en Europa. La influencia de las erupciones volcánicas en el clima es mayor si se encuentran cerca del trópico.

Por ejemplo, el volcán Pinatubo de las Filipinas redujo la temperatura global en unas décimas al principio de la década de los 90 (2). Si la erupción del volcán islandés hubiera sido durante la cumbre del clima en Copenhague, habría retrasado la salida de los asistentes y quizás asi habrían tenido tiempo para recapacitar sobre la verdadera capacidad de influencia del hombre en el clima, por lo menos a través del CO2. Recordemos que la subida de temperaturas en el siglo XX fue de 0,7 grados. Los defensores del cambio climático, al que ya no llaman calentamiento, esperan incrementos entre 1 grado y seis grados para este siglo (3). Si tan solo un volcán puede llegar a provocar cambios algo bruscos en la temperatura del planeta, qué sentido tiene reestructurar, más bien cargarse, toda la economía mundial para reducir el CO2, del que ni siquiera se sabe su efecto real sobre el clima. El sentido es, en último término, el de acabar con el capitalismo, menos con el capital de las empresas de energía renovable beneficiadas y subvencionadas claro, a fuerza de control y restricciones. Objetivo primordial del ecologismo, que con ello pretende llegar a un crecimiento "sostenible" que más bien sería nulo o negativo, es decir, un decrecimiento hasta la caverna que debe ser lo que les gusta a los ecologistas. 

(1) http://antonuriarte.blogspot.com/2010/04/aerosoles-volcanicos_16.html

(2) http://antonuriarte.blogspot.com/2007/08/pinatubo-y-nio.html

(3) http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/08/internacional/1247073876.html.